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Veintiocho de Marzo - Ni siquiera...

Está mal diseñado, yo por eso uso sistemas. Quizá use una plantilla, sabes que a mí no se me escapa nada. Si pide una opinión, entonces que me deje decir que está horrible. Hasta yo sé que Blogger es mejor, pero prefiero mi libertad sencilla.

¡LÁRGATE A VIVIR!
Sentimientos de Cristian Carlos.

Noche de luna llena,
arribemos al altar...
Para aquella luz tan serena
que desde el sendero te ve llegar.

Has de levantar el tiempo
después de dormir en paz.
Sombra que enviaste a mis manos;
sombra color tornasol.

Enigmas que fugaz escapan
de tugurios en tu tierra.
Es omnipotencia fragante
irradiándose en noches de pradera.

Señala el trazo de tu alma
cosa que nunca encontrarás.
Eres persona soberbia,
cubriendo tus deseos de matar.

Semblante que provoca lástima,
que tocas y dejas sufrir
que nadie deberá parar
si dejas a los demás vivir.

Penetras en el interior
queriendo encontrar paz.
No lo logras y te vas
quedas cual personaje inferior.

¿Lograré detenerte?
No arribemos al altar...
Luz escasa y paso errado.
Has matado sin parar.

Y perdida se va el alma
única que al altar camina...
No importándote el presente,
herir y has de escapar.

¡Lárgate para nunca volver!
En tus rumbos ya no he de estar.
Me has arrebatado la vida,
aquella que nunca te dejó de buscar.

Altar vacío, sueños rotos.
Que todos espero cobrar,
olvídate de los besos
¿a quién más deberás matar?

Aún no termino, y sigo muriendo...
escuchas mis últimas palabras salir,
Te maldicen y no te quieren,
¡te detestan a rabiar!

No te importa y te largas.
¿te importó mi bienestar?
Eres impuro, eres sucio...
¡Lárgate de mi altar!

Viernes, veinte de Marzo - Decayendo de sueño...

Es realmente mágico, me transportas a tu mundo como si siempre hubiera estado contigo desde toda vida. Como si te hubiera sentido tan cerca todo este tiempo de no saber dónde estabas. Eres increible al contar tus historias y me siento tan identificado contigo cuando me cuentas de que has estado en lugares maravillosos, también lo son para mi. De saber que a tu forma has sido muy valiente en todo momento. ¡Sígueme contando, amor! Y ríete como sólo tú lo sabes hacer, me diviertes y me apasiona estar a tu lado viviendo cada minuto como si no hubiera futuro...

   A ninguno de los dos le importa, pero también nos encanta soñar. De estar recostados en el pasto viendo el cielo y tu reflejo exacto y perfecto en las nubes. De sentirte a ti en el aire que despierta mis más profundos sentimientos de atracción hacia ti y el momento siguiente es inevitable. Y se eclipsa nuestro entorno y ahora somos sólo dos... Se siente tu alma en mis labios y te comparto lo mejorde mis ojos... Llega tu aroma hacia mi. Pruebo tu escencia y miro tus divinos ojos cafés; me siento débil y de repente se ve salir una lágrima de felicidad y nostalgia y todo porque estás conmigo. Eres todo... Perteneces a mi vida y con una sonrisa me lo has dicho todo... ¡Necesito decirte que eres lo que llena mi ser en tiempos de nostalgia y tristeza. Tu encanto y tu risa son más que escenciales. Te siento... me sientes. Y ambas mentes no piensan, y te abrazo de la forma más leal y respondes con esos caminos de ternura y llenos de sentimientos sólo para mí.

   ¡Qué sentimientos...! Son todos puros... Y mis ojos se mueven sin razón como tratando de contener las lágrimas. De saber que no existe persona más noble que tú; de pensar que tú eres lo mejor que me ha pasado en la vida y que a tí no te dejaría si tú me lo pidieres... Abrázame otra vez, ¡quiero dormir en tus brazos sintiendo el respirar de tu alma! Se respira la atimósfera perfecta del momento que cada ser humano ha esperado.

   Desfallezco en el pasto y me quedó inconsciente... Y tú, al lado mío, vigilas que duerma tranquilo y he experimentado el sueño más hermoso de toda mi vida. Si muero ahora, moriría feliz en un sueño eterno, con tu espíritu siempre presente. Tendríamos toda la vida... Toda la vida para contemplar tu único semblante noble y que cada día esta presente para atraerme a ti mas y más. Tu amor es exquisito como en tus dosis de besos, llenos de ese toque de cereza que sólo a ti se te ocurre llevar y difrutarlos en mi ser se vulve divinidad. Degustación siempre a cada momento y el tiempo no pasa...

   Me encantas, tu brillante cabello, aquel que se mueve con el viento de la mañana... ahora lo puedo sentir tan cerca y captura todos mis sentidos y me dejas con la energía suficiente para decirte cuánto te amo y me dejo caer como si de mi cama se tratara, sé que otra vez dormiré demasiado, para reponerme de ti. Y al despertarme miro al cielo sin preguntarme si estás mi lado, ya lo he sabido de alguna manera...

   En seguida, los colores naranjas del atardecer se disuelven cuando es hora de que entren en forma de los más puros sentimientos que sólo conpartiría contigo... No se cruza ni una sola palabra y transcurre el tiempo. En la noche caen las estrellas en nuestros ojos. Es como si no hubiera pasado el tiempo... ¡Al demonio con todo, quiero estar contigo y con nadie más! Luces hermosa... Me has hecho creer que la divinidad existe en ti, te siento y te miró y eres realmente increible, eres mágica y omnipotente para mí... Y así se sabe el maravilloso tiempo. Es hora de soñar contigo en mis sueños y nuevamente caeré desfallecido en mi cama esperando que aparezcas en mis sueños y me lleves contigo a vivir colores, a sentir y a decirte lo mucho que te quiero sin dejarte ir esta vez. Duerme tranquila.

Sábado, catorce de Marzo - Lloviendo a cántaros... [Acordándome de ti, primera parte]

Días lluviosos que me empapan de tus recuerdos, de ti y de la lluvia me acuerdo perfectamente. Tienes un lazo medio extraño en mi mente... Amigo, te recuerdo como si fueras lluvia. Un buen día decidiste a hablarme al móvil para recordar viejos tiempos y dónde más iba a ser si no fuere en un Starbucks. Podría decirte tantas cosas y me quedé escuchándote como en los viejos tiempos. Sabías que yo era de pocas palabras contigo, me entretenías con tus largas pláticas acerca de lo ya vivido de tu parte. Y no me quedó de otra mas que eclipsar el presente y vivir de tu sencillo recuerdo.

   Te recordaba tal cual eras porque te pareces a alguien más... por eso te aprecio tanto. No hablo de retrocesos, simplemente tu compañía está llena de sabiduría. tienes el don para reunirnos a todos en cualquier lugar. Sigues usando tus gafapastas azules marca Lacoste, siempre el buen porte. Te vestías bien raro... cosa que pasaba sólo a los días siguientes. No sé cuál era nuestro instinto, pues los cinco que íbamos juntos terminábamos por buscarte a ti. A veces creía sinceramente que era una pérdida de tiempo, pero un día nos has enseñado lo acogedor de tu tranquila recámara. Pero a veces te excedías de tecnología mostrándonos tus recientes móviles o tu enigmático ordenador portátil.

   Yo, el más pequeño de todos, el que quería aprender la mayor parte de las veces de ti y de nadie más. Hablabas franco y sincero... irradiabas paz. A veces sólo los varones estábamos contigo y es ahí cuando las pláticas se tornaban un tanto intensas; será por eso que aprendí de ti a no contener la rabia usando el arte de las altísonas voces. Tus pláticas no eran como las de los demás, y me gustaba escucharte... un día me preguntaste del por qué era tan callado. No es que lo fuera, no es fuera tímido simplemente te dije: «No, no... sigue hablando. Por lo menos alguien con experiencia», y así menospreciaba a los demás.

   Eras algo curioso, ¿sabes? Los roles se invertían. Eres curioso. No puedo negar que me fascina contarte mis historias. No conocías nada de música pero llevabas una guitarra desafinada siempre contigo. Nunca supiste del desmadre de los «gloriosos» cartorce años. Y a pesar de tener tú aquellos móviles y de llevar un ordenador portátil, no conocías la existencia de los iPod. Tú ya no tenías cartorce años, pero yo sí... y ahí estaba. Me encantaba contarte de lo que hacía con mis amigos, quiénes eran y cómo eran. Te introduje a escuchar y a degustar de la buena música y te agradó tanto la de Robbie Williams, que a la semana ya traías un CD de este tipo en tu móvil.

   Un día me salvaste la vida, una de las anécdotas que no le he contado a nadie, y nadie se ha enterado por lo cabrón del asunto. Hoy no será la excepción. ¡Ja, ja, ja...! Pero de igual forma te agradezco que lo hayas hecho. No sé por qué todo mundo te tenía confianza, eras una de esas personas que le caía bien a todo mundo. Contemos algo que sí se puede. Por lo menos creo que ya no habrá consecuencias...

   Cierto día seguía aquí en Chilangolandia, había regresado antes que mi familia de las vacaciones de fin de año. Tendría tres días libres sólo para mí. Tú también andabas por acá, lo sabía porque me lo habías contado por el Messenger a eso de las nueve de la noche. Era un Viernes y sólo me dijiste: «Llego a tu casa como por ahí de la una y media. Mis papás tampoco están y me dejaron el carro». Ehm... y no me dejaste de otra más que decir: «Vale, háblame al móvil cuando estés aquí». Mi papá ya estaría en casa y durmiendo como por ahí de la una de la mañana. Y todo se confirmó.

   Ajá, sólo de media hora disponía para quedar decente. No sabía aún cuáles serían tus planes, aunque después me supuse que sería algo buenísimo. Yo no era el indicado como para decir a dónde, basta que tu experiencia hable y eso es todo. En efecto, y yo, haciéndote caso apenas tomando el móvil y tu llamada empezó a vibrar sin hacer esperar ni un minunto más ni uno menos. De mi hogar he salido como he podido, claro... en silencio. Pero tú y tu estúpida idea de hacer sonar el claxon. Y pues sí, en aquel blanco perla íbamos los de siempre, sólo nosotros. ¡Ja, ja, ja...! «Unos solteros codiciados en Viernes a la madrugada...», según declaró Frank —que ya sabes que su nombre real no le agrada del todo, por eso prefiere su nombre de pila—. Bien, hagamos un recuento. Ibas tú, yo, Frank y Juan. Nadie más.

   ¡Ah, vaya! Tus inteligentísimos planes... tanto así que al principio te creí la broma de que no tenías nada planeado. Oye, apenas comenzaba los quince. Digan, propongan algo ustedes. Y como te dije, al principio te creí esa broma, de que no sabías dónde ir. Pero después resultaste un as en ese asunto y lo arreglaste en menos de cinco minutos; fue por eso también que conocimos a tus primos. Y terminamos yendo a un lugar —irónicamente patrocinado por tus primos— que si no mal recuerdo se ha llamado —ya no— The Amazing... «no-sé-qué», un lugar que según ustedes y por lo que noté esa noche era de ambiente. Ok, les compré la idea y así fue. Estaba cerca de la Colonia Centro, digo... por si alguien tiene duda alguna, chismosos. Así que eso de preocuparse por la manera de acceder al lugar desapareció y ha sido más que fácil. Ehm... de momento había perdido el sentido de orientación, tras haber rodeado varias callecitas de dicha colonia. No sabía dónde estábamos. Han hecho una enredadera entre tanta calle y avenidas; y los GPS no habían llegado a mi vida todavía.

   ¡Excelente! Y la atmósfera se convirtió en lo mejor de la intensa noche.

Lunes, nueve de Marzo - Sencillamente no...

Tú has creído que esa es valentía. ¡Es una reverenda estupidez de tu parte! Mejor ni me lo hubieras contado... sé perfectamente que te querías hacer el interesante y lo entiendo; algunas veces lo he hecho. Pero hay cosas que me guardo para no parecer un loco desquiciado.

   Parecer ídolo o algún tipo de héroe ante personas observándote no lo es todo. Piénsalo, por eso ya no lo hago tan a menudo.

   Valiente hubieras sido si sólo te hubieras limitado a hacer aquello que te solicitaban y no retar a alguien con el que sabes perfectamente que vas perder, imbécil. Te arriesgaste demasiado cuando no era ni siquiera necesario, resultaste estúpido y no te lo pude decir. Ya sé que eres así, ¡pero por favor, trata de no volverlo a hacer! Y evítate problemas, ¿vale? Te lo digo por una experiencia fatal que tuve.

   Yo sé que eres bastante irritante aunque me vengas con tus palabritas de decirme lo contrario. ¿Sabes? A mí nadie me contradice, a excepción de algunas personas, pero también son pocas dichas afortunadas. Últimamente no me viene valiendo lo que pase en tu vida, por tanto me importa dónde andas. Las clases de lógica me han ayudado a resolver muchos enigmas de tu andar diario, también me ayudan a saber del porqué estás así y por qué eres tan irritante. A veces no mides tus palabras, y me tengo que guardar muchas cosas que no te diría ni en broma por temor a decir algo incorrecto, es por eso que resultas tan idiota que ni tú mismo piensas las consecuencias.

   ¿O qué? ¿Acaso quieres que mi vida se arruine? ¡No me jodas! Mira que estás apunto de lograrlo, pero entonces las artimañas que aprendí hace poco no serán ya de uso exclusivo, aunque hayamos acordado privacidad. Últimamente he pensado en tomarme un break y añejarme de esto por algún tiempo, pero deberías saber que yo nunca paro de escribir, por eso la razón de mis cuadernos de mis notas con tu nombre a repetirse en cantidades enormes. Me fastidia que te escondas o que tú mismo ocultes detalles que aunque son pequeños, basta para que destruyan una semana de indagación completa.

   ¡No te tengo coraje! Y mucho menos miedo. La resignación es algo fácil de aprender, quizá a ti no te queda de otra porque las cosas las decido yo. Tú no puedes ir en medio, no te lo mereces; ¿puedes ir al frente? ¡Jamás! Ni aunque hayas tomado nuestro tiempo para después no saber qué hacer con él. ¿Sabes? De ti no conozco ni un liderazgo perfecto, y aunque lo hayas aprendido en tan poco tiempo, me lo debes a mí. Puedo concluir que soy sólo yo el que debe estar al frente y en medio... y tú, estarás atrás. Por lo menos hasta que te sepas comportar.

   No te preocupes, algún día dejaré un pequeño espacio para que puedas manejar a diestra y siniestra mi espacio vital. Sólo un momento... digo, para que te pongas en mi lugar porque con tu vida errática no llegarás muy lejos.

Con un click, basta que llegues hacia mí.

Miércoles, cuatro de Marzo - En la mañana... [Seguido de: «Pregúntate...»]

A veces pienso en encontrarte. Aún aunque fuere tan temprano que tus ojos todavía no despiertan. Son demasiadas las ocasiones en las que pretendo enviarte mensajes o escribir sin parar en mi ya tan afamado blog. A veces escribo sin pensar, las palabras se hilan solas y eso lo sabes, aunque sea poco el tiempo en que me has conocido. Sé que hay gente que no posee ese don de escribir lo que siente cada quién, pero al menos deberías intentarlo. Hay algunos textos que no deberían ser vistos a la luz del Internet. Hay cosas que no deben decirse por temor a lo que puedan decir los demás. Pero esa, mira, no es mi temática. Así empezó este blog. Que, por ahora, está en una fase en la cual se pretende transcribir todo aquello que se encontraba en los pedazos de hoja que se empezaron a juntar y a formar enormes masas.

   Sí, quiero disfrazar este texto y no me pregunten las razones. Los siguientes son oraciones hechas al azar y te toca darles forma, pero sólo si conoces lo que es el amor. Y si no, puedes omitir este texto o ver la sarta de frases incoherentes, quién sabe...

Pregúntate...

   Hace varios meses te volví a ver, un poco de alejado... claro, te estaba espiando. Tú ni te has dado cuenta de mi prescencia, y si hubiera sido así, mi excusa hubiese sido estúpida y nada creíble. Pero no, pasé por esos rumbos como por ahí de las nueve, diez de la noche y había millones de luces pasando abajo de mí tras atravesar un puente muy familiar. Respiraba hondo, como sí no lo hubiera hecho en toda una vida, y me sentí feliz al saber dónde estabas. Tú no me ibas a decepcionar porque sé que estarías por ahí. Quizá no donde te dejé la última vez, pero yo te conozco y fui a donde seguro estabas, pero pasé por aquel camino que me enseñaste... esos pasos a desnivel no son peligrosos en la noche; sé perfectamente lo que estoy haciendo y lo que quería encontrar. No tenía miedo, sabía que tus pasos estaban marcados conforme iba avanzando en tu increible sendero que me lleva hacia ti. De repente se escuchó una carcajada... Tan inconfundible como las tuyas. Eras tú, y corrí un poco más para encontrarte, pero sabía que no te podía ver directamente, pero mi alma gritaba que era necesario ver tu semblante y mirar tus ojos; los que se cruzarían después con los míos... Yo estaba detrás de unos árboles y tú, mientras te sentías desfallecer después reír tanto y con tantas ganas, te has sentado en la banca frente a aquellos frondosos árboles y has encofado tus maravillosos ojos cafés delante de los míos sin darte cuenta. Y un fuerte suspiro salió de mi alma... se sentía tan liberada que, aunque partieras, ella te seguiría buscando... Ahora sé que mi alma necesita algo más de ti y faltaba poco para poder encontrarlo.

   No fue tanta la espera, pero cuando me di cuenta, así sin más, entró consigo la medianoche. Te tomé algunas fotos como buen paparazzi, y te he capturado con tu mágica sonrisa que se despedía de aquel lugar. Te dirigiste a la casa de las demás, y te seguí... tal como buen ángel guardián lo haría. Y a aquellas con las que estabas, las has dejado a cada una en sus casas, no quedaban tan apartadas de donde estábamos y no me ha importado caminar hacia arriba para conocer dónde vivían aquellas amigas que conocí de ti. La noche ha sido maravillosa sin importar que alguien de nosotros dos haya cruzado palabra alguna. No me habías visto hasta este momento pues mi plan era atraparte. Y bajaste de nuevo para arribar a tu casa... Y de repente salí de mi recóndito escondite móvil. Llevaba mi disfraz de matón, ¡ya lo habías visto en una ocasión anterior cuando me fuiste a buscar a casa! Y caminé detrás de ti; y te creí la merced que hiciste, como si no me hubieras visto o como si no me hubieras visto vestido así. Nadie habló, y me acerqué tan tranquilamente a abrazarte y me has respondido. Ni siquiera me viste pues sabías perfectamente que era yo, y vi tu rostro iluminando la noche con una gran sonrisa de tranquilidad; he estado contigo cuidándote con el mejor abrazo de la noche. He sido el mejor secuestrador para ti. Mhhh... Tan de pronto ha sucedido.

   Después me despedí, y te dejé en casa. Y me he ido a la mía, y no había nadie; pregúntate tú si he podido dormir... Seguro tú tampoco.