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Once. La casa donde todo se recuerda.

Y deberíamos de pensar entonces que es una broma, que suena a incógnita que ambos lleguen al tiempo correcto. De verse después de tantos pasos errados, «como si hubieran pasado los años» pensaba Amanda. «Como si hubiera nacido de nuevo» pensaba irónicamente un nuevo Nathaniel.

Tiempo correcto, que parecía irónico. Amanda apenas y mira el reloj. Nathaniel sólo cuenta los suspiros; y nadie sigue sin mirar la hora en los múltiples relojes que hay en la casa donde todo pasa. Y el reloj sigue avanzando, sí: esta vez sí avanza el reloj pero no sus mentes.

Nathaniel sigue esperando la respuesta de Amanda, que le diga algo… algo que ha querido escuchar desde que salió vivo otra vez. Sonríe y se queda callado, se relaja nuevamente en el sillón color vino que con la luz tenue se asemeja al marrón. Estaba tranquilo como siempre, pero esta vez irradiaba paz. Algo que fue lo primero que Amanda notó; no le quedó de otra mas que esbozar una sonrisa en un acto de justificar su ausencia.

«Ni qué decir», se decía Amanda para sus adentros. En su interior se sentía culpable —como para variar en los últimos días—, pero el orgullo estaba ganando más fuerza. Hipócrita o franca esta vez… era una situación un tanto incómoda. Ella ahí, dejó la puerta abierta y las ventanas de aquella casa se azotaban por la lluvia que de ligera pasó a ventarrones que amenazaban la tranquilidad que le había provocado el que Nathaniel estuviere ahí sentado en el sillón de siempre.

Bajar la mirada no la salvaría esta vez, y aunque Nate se viera taaan pacífico como siempre, ella esperaba lo peor. Seguro Amanda seguía indignada… ¿de qué? De que toda la familia de él le haya aconsejado volverla a ver jamás. De nuevo el ambiente se notaba irónico. Algo tenían que decirse en ese momento, pero ya… ¿pero qué?

Nate, con el amor intenso que sentía por Amanda, no tenía nada qué decirle… «Bienvenida de nuevo, amor», fue lo primero que se le vino a la mente. No lo pensó más y levantándose del sillón procedió a saludarla para terminar de una vez por todas con el ambiente de tensión que se sentía en el estudio. Y la puerta se cerró, se dejó de escuchar el caer de lluvia y los azotones de las cortinas.

Amanda se dejó abrazar y soltó una lágrima. Por vez primera en tanto tiempo su soberbia cedió, aunque aquellos deseos locos de suicidarse estuvieran todavía presentes. ¡Vaya que parecía una eternidad! Y ahora la única que debería sentirse mal era ella y nadie más: y los sentimientos de suicidio aumentaban.

Nadie se acordaba de Davidson esta vez. Nadie, pues se acuerdaba de aquél hijo que les alegró el hogar. No existía en ese momento ningúna madre que le llamara a Amanda… en fin, se acababa el momento de tensión y venía la calma sólo para Nathaniel.

Adulterio psicológico, traición, rechazo y muchísimo sentimiento de culpa dominaba la mente de ella. Cosas que quién sabe si soportaría todavía más, lamentablemente era hora decir la verdad, de hablar de un intento fallido de Amanda por deshacerse de Nathaniel y vivir una vida que también quién sabe si hubiera funcionado al lado de Elías. Y pasó el momento… ¿qué dijo ella? Nada, simplemente le correspondió a un beso más falso que sincero. Amanda lucía muy confundida.

De repente recordó que el diario:

—Hola, Nate… sí, yo te esperaba también. —Lamentablemente…— seguía Amanda negándose al momentáneo pasado de vivir.

Y como si no hubiera pasado nada, hipócritamente Amanda fue a la cocina y preparó la cena. Nate encendió el TV y se veía feliz. Nadie le podía quitar esa sonrisa tan encantadora cuando hacía lo que le gustaba. Quedó dormido, ya eran eso de las siete de la noche, y yacía en ese sofá que compraron cuando llegaron por primera vez a casa.

Amanda no dejaba de sentirse presionada, estaba tensa y con deseos de morir. Era medio extraño, ella no sabía si había guardado luto, ni siquiera había asimilado… nada. Se sentía confundida. Y se posó en sofá contiguo para observar la vida errática de Nate. Tras minutos de contemplarlo se acordó del diario. Salió tan de prisa del hotel que le había olvidado en uno de los cajones del buró, al lado de la cama.

—Habitación 45, uhm… ¿que hotel era?. Sí, tan ofuscada estaba que no sabía dónde había pasado la noche anterior. Su aspecto era lamentable: Amanda daba lástima.

No había terminado de leer el diario, no sabía de la vida de Nate, y sinceramente ni le importaba. Es más, por la declaración que hizo Nate en contra de su familia, él también quería vivir como fugitivo; lejos de la maldición familiar. Pero eso Amanda no lo sabía, ella simplemente se alejó sin enterarse de algo más. No le interesaba, quería el dinero que le había propuesto George y nada más. Así o más terca que nunca, juraba a sus adentros que Elías podía ser candidato a proporcionarle una vida de erraticidad.

Y seguía divagando Amanda. Era hora de despertar a Nathaniel y servir la cena y platicar. Un momento durísimo para Amanda; y para Nathaniel escuchar la crueldad que le tenía preparada. Ella sabía que se podía ir de nuevo, alejarse para siempre de lo que alguna vez formó como familia. Ahora era ella quien quería abandonar a su familia y a su hijo y dejarlos al azar. No podría existir persona más cruel en esta vida.

Nate despertó primero, con una cálida sonrisa y mirándola a los ojos, como agradeciéndole a la vida de estar de nuevo no enterrado en un sarcófago guardándole pleitesía a la muerte, aquella que estuvo cerca semana atrás:

—¿Vamos a Querétaro? —Dijo Nate aún con los ojos cerrados. —Quiero ver el mar… —¿El mar? —Respondió Amanda tajante a la tierna petición de Nate. Pero si en Querétaro no hay mar. —Bueno, quiero ir a Querétaro. Y comer helado. —Tú no sabes lo que quieres. Comeremos ahora, señor. —Terminó Amanda.

Nuevamente llegaron a ella los lapsos largos de tiempo del cual ya era presa cuando le venían las ideas de suicidarse. Con el televisor sonando pasaron al comedor, la ensalada insípida de siempre que a Nate le sabía a gloria. No más. Amanda era de esa creencia, la que pensaba que no se merecía más por la persona que tenía efrente; y que aún cuando en su infancia hubo ido a una escuela de cocina… obvio, no se iba a desgastar en hacer una cena un tanto más elaborada.

El televisor seguía sonando. Nate estaba en el comedor y Amanda sirviendo la cena; y sin decir palabra alguna comieron, comieron y comieron. Tan pronto se tornó nuevamente en una escena oscura, trasladando a Amanda a una dimensión desconocida para ella. Y vio el reloj, se había detenido —o al menos eso parecía—, se quedó inmóvil. Lo único que en ese momento era capaz de hacer era pensar. Admirar y sacar conclusiones. Había perdido la historia verdadera de la vida de Nate.

Ella, que no había tenido un momento de inocencia… se negó a creer en las falacias que aparecían en ese texto todo enredado. Piedras, vuelos, viajes, herencias y una familia por salvar, que disque salvar… nadie haría nada. Decidió que pasaría al psicólogo de cabecera al día siguiente. Y despertó del lapso, siguió comiendo pensando en que eso del suicidio era una tontería.

Nate negó a su hijo y Amanda también. Y la comida empezaba a saberles agria. Ambos se vieron interrumpidos como si sus cerebros estuvieran enlazados por telequinesis. Algo extraño, algo que nunca les había pasado. Amanda dejó caer el tenedor al suelo como arrepintiéndose de sus penas. Y Nate no lo pensó más. Nadie esperaba que de repente, en un sobresalto de frenesí, él agarrara el plato de porcelana que tenía al frente y que con fuerza sobre humana aventó a la cara de Amanda…

La escena se convirtió en una sesión de gritos despavoridos. Sangraba una cara, de los únicos dos comensales de esa errática cena. Frente, nariz y boca sangrantes del lado de Amanda, y Nate no sentía pena alguna: salió del comedor y se fue a dormir. No hace falta decir que parecía aterrador. Obviamente los planes de ir con el psicólogo al día siguiente se habían esfumado, ahora tendría que ir al hospital.

Y ella no lloró, aunque tenía ganas de hacerlo. Pero bien sabía que si seguía guardando aquellas penas sin dejarlas salir al momento, le causarían taquicardias tarde o temprano. Respiró hondo y fuerte como pudo, respiraba sangre y sabía a sangre. Como pudo también, se acercó a la bañera, y sin haber agua caliente tampoco lo pensó más y se quitó los restos de porcelana que quedaban incrustados en su cara.

¡Qué difícil es guardarse todo el sentimiento… todo el sentimiento frustrado! Nathaniel no estaba contento, se notaba a leguas. De todos modos, Amanda no podía hacer mucho; sabía que se merecía algo así… quizá algo peor. Tarde o temprano sabía que algo así podía pasar, ella no era estúpida y por eso no lloró.

A su fortuna sólo fueron heridas superficiales que le sanarían con el tiempo sin dejarle cicatrices, mas no era eso lo que la mantenía frustrada. Recordó el viejo revólver que guardaba con sigilo, oxidado un poco pero nunca infalible. Tenía ideas macabras, que se sentían a venganza. Nuevamente el ser, ese ser que no sabía qué diantres quería, irónicamente tenía sed de sangre, de ver correr sangre.

    Sobre el pasaje que debió leer Amanda en el diario de la familia…

    «Todo Septiembre de 1935:

    Te preguntarás por qué "todo Septiembre"; y es que en realidad todo pasó hace un mes. No he estado muy bien físicamente, decaí de epilepsia dos que tres veces a la semana. No comía y me la pasaba en cama, tratando de explicarme el por qué. Mi familia se está hartando de mí, quiero pensar que me atendieron como yo lo hubiese querido. Igual y esto me vuelva a pasar y decidan matarme con aquel revólver que aquellos gángsters me prestaron una vez y que nunca les devolví. Así pienso yo y es prácticamente lamentable. No sé, también pueden ponerme algún tipo de veneno en la merienda o en cualquier momento, ya me lo espero… empiezo a parecer una carga terrible para los que están a mi lado.

    No sé si en realidad quiera seguir viviendo, yo ya no puedo mantenerme en pie. Y alguien más le tendré que asignar aquella tarea que nunca terminé. Necesito deshacerme de alguna basura, basura física como si en verdad se tratase de personas. No digo que digo que tenga que morir alguien, verdaderamente… tengo muchísimos enemigos a los que quisiera ver muertos.

    Tengo muchísimos "amigos" a los que también quisiera ver bajo tierra, pero yo no soy tan cabrón como para mandarlos a matar. Sé que mucha gente me traicionó, gente que mucho apreciaba y que ahora que casi estoy muerto, no se acuerdan y no sienten pena del que alguna vez les ayudó a fundar aquella empresa de la que ahora no recibo nada. Si los mataría, sería con piedras… y no un revólver. Las piedras de alguna forma duelen, y mucho y ésa, señor, sería mi forma de atacar a quienes han sido los responsables de que sienta coraje, y que con ello ahora esté delirando a causa de las epilepsias que quién sabe si lleguen a terminar algún día.

    Pasarán los años, y seguiré aquí con mis palabras, esperando que alguien pueda hacer mi trabajo. De reclamar lo que siempre fue mío, y como si de comedias se tratara, sí… que esta vez los malos reciban su merecido.

    Igual y los dos algún día tenemos sepelios compartidos.

    Por ahora, hasta mi familia debería cuidarse.»

Domingo, nueve de Agosto - ¿Eres estelar?

No te puedo sacar de mi mente. Aunque tus tratos no hayan sido de una persona en juicio, literalmente. Tu me juras, y cuando me lo dices te lo creo; pero al parecer no sirve de nada.

    Eres una persona un tanto errática. Pero conoces de arriba a abajo lo que haces en tu andar diario, lo que no sabes es que aquellas acciones —que te encantan hacer a horas de la madrugadahacen daño a la gente a la que te he adjudicado como “seguidores”, sí: también a ellos los fastidias, ya me lo dijeron mis espías.

    Insisto, que no sé quién demonios son aquellos con los que te encanta pasear por zonas donde los rateros abundan, donde la basura convive contigo. Tampoco digo que sean tugurios. Enhorabuena por tu andar errático. Enhorabuena porque te hayan dado un adjetivo que creemos TODOS que te merecías desde hace tiempo.

    Creo tener fotografías, algunas donde verios te hayan visto en situaciones un tanto incómodas que a veces… NO. No a veces, más bien cuando se te da la gana contarme. Más bien, nunca me cuentas la situación. Ni con quién y sobre todo el porqué. Nunca me dices nada. Al menos yo tengo la decencia de usar Twitter y decir qué hago y con quién. Me encanta subir fotos de nosotros, y por “nosotros”, me refiero a una nueva tendencia de vivir la vida. Uhm… quizá así seas. No sé: a ni sé.

    Ya me cansé de repetir y de que me sigan repiendo eso de que “la gente“ cambia. Ya lo sé, hay gente que me da gusto que siga siendo la misma tras haber pasado muchísimos años. Hay otra que se convierte en lacras de la sociedad, no digo que seas uno de aquellos, pero bien que haces méritos para hacernos —a mí y toooda a tu maldita escuela— que perteneces a los bajos tugurios que te imponen esas personas dos años mayores que tú.

    Lamentablemente yo puedo hacer muy poco. Casi nada. No puedo hacer mucho para contrarrestar todo aquello que ya te han impuesto todas esas personas, que si bien te aportarán diversión adictiva, no te darán una cosa que sólo varios pudimos ver en algún momento.

    Ya vi que no basta llevar cámaras e incluso micrófonos. De contratar a espías —sí, espías— que mantienen informado de tu carácter fuerte que adquiriste con gente que disfruta otro tipo de vida, una vida de bajas calificaciones a punto de reprobarlas. Una vida de aquellas que se ven obligadas a caer en tooodo tipo de drogas, que conste que ya no sólo hablo de alcohol y nicotina: quién sabe qué más hayas hecho.

    Ya no me importa esperarte; los presentimientos de esos que antes me avisaban tu llegada ya han partido para jamás retornar. Ya no te espero, ni tú me esperas. Se ha perdido en ese lapso de tiempo que has decidido vivir de una manera diferente a la mía.

    Es una lástima decirte no hay nadie como tú. PORQUE EN VERDAD… NO HAY NADIE COMO TÚ. No hay nadie que se la viva de rincón en rincón. Ni que sea igual de geek como yo lo soy. Nadie que despierte a la misma hora que yo. Ninguna persona que se parezca a ti. Que viva hilarante por donde camina; que con ese caminar errado tropieces con gente que cambiará tus actos de “celebración”.

    Pero hay algo que no termina de encajar. Hasta que tú mismo no me demuestres lo contrario. ¿Sabías que muchísimas veces me han dicho algo de ti que ni yo me esperaba? No, claro que no lo sabías, porque como te dije: no sabes qué diantres haces. Es a veces raro dudar de alguien que conozco ahora a medias. Es como si fuera pasando el tiempo y los pensamientos estancados, junto con los recuerdos se fueran reemplazando por la imagen inesperada de mal modo de tu persona. Es un hecho lamentable que me quede con una imagen errada que quizá siempre quisite vivir. Vaya.

    Hay cosas que quiero hacer. Reemplazar varias cosas este año, una de ellas es olvidar una que otra satisfacción.

    No quiero ni pensar cómo es que divagas en tus pensamientos acerca de mí. No quiero pensar en qué piensas cuando llega mi nombre retumbando todos los huecos de tu mente —porque ahora sólo ahí puede haber algún rastro de mi persona—. ¿Te molesta? Simplemente. Dirás que no me conoces y claro, diré lo mismo y pensaré lo mismo.

    Necesito que tú me digas adiós. Si no, nunca podré vivir tranquilo, habrán cosas que jamás se terminaron de decir y, como siempre inevitable, latentes estarán los recuerdos para extrañar al que una vez estuvo al lado y no dejar decaer al otro.

    Hay pensamientos fuertes que ya no digo, pero que en su momento volveré a decir. Espero tu respuesta. Ya sabes que quiero un NO.

«Arduo es encontrar amigos maravillosos. Es difícil dejarlos ir, e imposible de olvidar.»

Lunes, tres de Julio - Twitterismo

Uhm... No sé cómo empezar... casi siempre estoy tentado a empezar a escribir algo diferente y que contraste de mis demás posts. Hace rato posteé algo muy fuerte, pero conmovedor texto en Twitter... no fue la gran cosa, pero vaya que luego uno se relaja escribiendo lo que a cada minuto hace —y no que no hago, también lo posteo—, es por ello que hay que darse cuenta de loq ue es real y lo que no es. Lamentablemente hay mucho impostor en Twitter; hay gente que twittea de más y hay otra que no lo hace por miedo a que se enteren de varias cosillas... gente que ya me ha dejado ver su caminar errático.

Me fijé en ese blog, hace un año escribí un texto bastante largo... que incluye un vídeo y una foto al final del texto. Muy conmovedor, por cierto. ¿Saben de qué trata...? No es nada para variar, pero así no dejan esos párrafos de ser excelentes. Un Lunes... un veintocho de Julio, pero del año pasado... No sé si es idea mía, pero estamos destinados a que en Julio suceda todo. La gente no avisa, pero espanta y da miedo. Ese miedo todo feo que se siente cuando descubres que ese mismo día, pero NO en Perisur... pasaron cosas que hasta un año después, te saltaría a la vista ya haría su aparición para cambiar la línea frágil que dividía la vida. La de una vida estable y la otra fuera de este planeta al que llamamos Tierra.

Hay cosas que en realidad espantan y algunos me han dado la razón. Hoy, quiero decir que algunas cosas me han dado miedo. Miedo del feo, miedo que se siente cuando te enteras que en las mentes de los demás, se están transformando aquellos seres, de los cuales conociste su inocencia. Da miedo saber... a ver, esperen. Aún no empiezo. De alguna forma el Twitter me ha ayudado a sobrellevar la situación. He mandado unas indirectas, que si bien no han sido como yo he esperado... sí han sido leias y por quienes me interesan.

De cuándo me cree el hábito de fumar... no lo sé. Más bien sí lo sé, pero no lo voy a decir. Hay gente que pretende pasearse por mi blog, esta no es una de esas entradas que sirven para ver quién es már fuerte. No, nunca lo pretendí, pero digo, que si a ver quién atrae a más gente, estamos seguros de quién es el ganador. Cierta vez seguía yo con Matías en Perisur, uno de esos sábados en los que se entoja ir a comprar helados y algunos discos que luego se rolan después de que cada quién ya lo tiene en su iPod. Aunque no lo crean, hay personas que cobran baratísimo, algo que Matías y yo costeamos, de esas personas que se dedican a vigilar quién osa interrumpir nuestra tranquilidad.

No se crean que somos paranóicos, que no lo somos. Simplemente nos gusta la tranquilidad. Aclaramos también que guaruras no son. Simplemente es gente con la que no me quiero topar en nuestra estancia en las plazas comerciales. Es gente, gente que se para en las entradas de las plazas comerciales y nos avisa de conocidos que entran... un ejemplo

Cierto día, el día que íbamos a Perisur con Matías, en uno de esos sábados en los que se entoja ir a comprar helados y algunos discos que luego se rolan después de que cada quién ya lo tiene en su iPod, nos dirigíamos principalmente a ver una que otra película para criticarla directamente en las salas de cine. Sí, sé que fastidia:


    Cristian Carlos J.

  1. Aaassshhh... me choca hacer esto, pero bueno. // #YOCONFIESO que me han sacado de las salas de cine 2 veces, y otra más a punto de.
    2:51 AM Jul 25th from web


  2. HaFiDBRoKeR:.

  3. @CrisVida a mi m vetaron de un cine por robarme un poster ( pero era el d starwars episodio 1 ) valio la pena 1 añono m dejaron entrar
    2:53 AM Jul 25th from twhirl in reply to CrisVida

    Cristian Carlos J.

  4. @hafidbroker A mí ya me traen la mira en el de Perisur. Pero como va mucha gente, ni cuenta se dan. Voy en plan de criticar.
    2:54 AM Jul 25th from web in reply to hafidbroker

    Ruben Davila

  5. @CrisVida pues eso del cine la vdd yo si te aventaba el refresco jajajaja
    3:18 AM Jul 25th from web in reply to CrisVida

    Cristian Carlos J.

  6. @rubsx Eso es prácticamente imposible. Me encantan los asientos de atrás; las pantallas con mi blanco de palomitas, no la gente, aclaro.
    3:21 AM Jul 25th from web in reply to rubsx

    Ruben Davila

  7. @CrisVida ajajaj esque no mss que esten comentando la pelicula realmente me inchaa las pelotas D: ajajajjaa
    3:24 AM Jul 25th from web in reply to CrisVida

    Cristian Carlos J.

  8. @rubsx Bueno, es más cabrón cuando suenan los móviles. O cuando las madres esas no dejan de llorar y las mamás no las callan. U___U
    3:25 AM Jul 25th from web in reply to rubsx

    Ruben Davila

  9. @CrisVida o que las señoras se pongan a leer los subtitulos a los hijos NO MAMESS JAJAJAJAJJAJAJA
    3:27 AM Jul 25th from web in reply to CrisVida

    Cristian Carlos J.

  10. @rubsx Chale... JAJAJAJA...!!!! Eso sí es bastante cutre.
    3:20 AM Jul 25th from web in reply to rubsx
            • Y luego dicen que somos nosotros los paranóicos. En fin, pues así. Siempre vamos en plan de criticar la película, y créanme cuando les digo que asís e disfruta mejor la estacia en el cine. Porque nunca resulta bueno, ni saludable el quedarse consigo mismo las críticas que pudieron haber salido en el momento más adecuado. Yo no soy el que se la pasa aventando palomitas a media sala, ni de aquellos que son lo bastante idiotas como para tirar la comida en una sala donde la siguiente función espera para entrar. Así sí que apesta la situación, literalmente.

              Sí lo es, siempre es productivo un día de cine completo, aunque se nos acaben los Domingos por andar comprando cualquier caramelo o gastándolo en las ya tan famosas arcadias de mala muerte donde la gran parte de nuestro dinero se ve estancado en esas máquinas. Mucha gente dice también que soy muy quisquilloso para comprar hasta lo más sencillo, nunca tacaño, aclaro de una vez. Dinero invertido es el que siempre se gana mejor. Ay, bueno, al demonio, pues...

              Y eso pasa casi siempre, de comprar helados buenísimos, de comer una hamburguesa en Sixties 60's, un helado en Häagen-Dazs y uno que otro disco de pop fresa en MixUp... claro que esto no es todos los días, mi economía se ve afectada fuertemente. Pero siempre agradezco y atesoro por siempre las fotos que por alguna extraña razón están guardadas en la cámara al día siguiente. Matías es el fotógrafo, aunque ni en Perisur nos dejen tomar fotos... él sabe lo que hace.

              No sé, a veces se extrañan esos momentos en los que nadie era adicto, en los que ninguno llegaba con palabreríos rimbombantes y ropa a la última. Nosotros queremos mantener ese estándar. Y ojo con nuestra nueva forma de innovar el espionaje. Regresando a ese rubro, bien lo dijo @patty_la en Twitter: