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Martes, veinticuatro de Noviembre - Tu mundo fantástico y tu amigo marihuano.Y de repente me encontraba escribiendo en mi iPod en la clase de Biología a la que nunca le pongo atención; escribía una entrada que pretendía salir hoy… terminaron las clases y me fui a casa. Como siempre, soy de los que me encanta caminar a mediodía… de San Ángel a casa. Vengo pensando en otras cosas y ni me fijo de la gente que pasa a un lado mío, pero esta vez fue la excepción. Mucha gente pasa por ahí, y ahí iba yo también. Mucha gente pasa por ahí: hombres, mujeres, niños, niñas, unamitas, ceceacheros… y drogadictos. Sí, has leído bien. Pero no cualquier vándalo. En efecto: me encontré a tu amigo y lo saludé como debía. Reconocí su extraño cabello decolorado y su semblante de niño leeento. Pero algo NO encajaba en su aspecto de siempre, o como lo conocí en la secundaria. Pero a ver, olvidémonos de esto un momento… tú fumas desde tiempos que no sé; la gente me decía cosas que yo no creía. Nunca me lo confesaste hasta que yo me di cuenta. ¿Dónde? Ahí, al ladito de tu casa. Y luego me di cuenta de que reclutabas a tu gente para que te siguieran los mismos pasos: sí, les enseñabas lo mismo que aprendiste quién sabe de dónde. Tus amigos sieeempre fueron bieeen raros, pero rarísimos con ganas; todos unos fenómenos y no me deja de sorprender su extrema rareza. Es un hecho de verdad lamentable que hayan caído en los vicios bastante jóvenes, pero es más lamentable que uno de ustedes (sino es que varios) cayera todavía más bajo. … y te digo que algo no iba bien. Ya sabes, lo clásico: él iba un tanto tambaleante, y mirando de lado a lado para ver si nadie lo veía, casi tropieza, pero no quiero exagerar. Y me dije: «Su vergüenza tiene que aumentar todavía más… vamos a hablarle.», y eso hice. Sabía quién era y cómo se llamaba; no por nada era el bufón de toooda la escuela, ¿o no? Y de repente me acerqué, porque sabía que algo no andaba bien, lo repito de nuevo. Te cuento que me fue inevitable saludarlo, porque ahora era yo el de la situación incómoda… él nunca llora, ¿o tú lo has visto llorar?. Yo sé lo que es encontrarse a alguien que ha sido consumido bajo los efectos de la marihuana, pero éste era un conocido al que le tenía muchísima confianza, ya no. Vi sus ojos rojos, rojísimos como si le fueran a explotar; hablaba con dificultad pero pudo reconocerme. Terminé la conversación apenas diez segundos de saludarle. Apenas y se fijó, se dio la media vuelta y desapareció… intentando parecer cuerdo aunque no lo estuviera. Aún no lo puedo creer. Es increíble que haya sido uno de tus mejores amigos y me cuesta trabajo asimilarlo. No sé, a veces llego a pensar que eres ciento por ciento idéntico a ellos. No dudo que algún día lo hayas hecho tú también. Me dijiste que no te pasaría por la mente, nunca… eso me dijiste y yo, nuevamente, te creí ingenuo. No te imaginaba… de veras no te imaginaba igual que ellos: hasta hoy, claro. Sigues viendo a esas verdaderas pestes de la sociedad, no me mientas; sigues con ellos y te fascina. Yo no sé cómo escoges a tus amigos, desde un principio te advertí de todos ellos. ¡Pero allá tú! Nos sustituyes por personas que hoy en día no valieron la pena. Sabiendo la clase de persona que eres: ni se te ocurra —que ni te pase por la mente— volver a invitarme quién sabe a dónde. Ya no sé quién eres… ni con quién estás. ¡Dímelo entonces si no es cierto…! Como siempre espero tu respuesta.
«Amistad es cuando la gente sabe todo de ti; y aún así te quiere de todas formas» Viernes, trece de Noviembre - Entrada unoSales de tu casa que apenas sé dónde está, no sé si caminas… y le das la vuelta a donde hay un laberinto en el que es fácil perderse en la noche. Saldrás con cuadernos y libros, quién sabe. Saldrás a eso del mediodía, no sé. No sé muchas cosas de ti que podrían darme algunos datos como para poder enviarte algunos espías, pero conociéndote cómo eres, yo mismo te podría empezar a seguir sin que me dieras algún dato. De saber tu actual número móvil yendo con la persona correcta, de saber el nombre de los vandalitos con los que te juntas. Ya sé que no usas sombreros, pero sí sé de qué forma te vistes. Cómo caminas y en dónde te vas y con quién. No sé qué hay en tu móvil, me intriga no saber a quién le mandas mensajes y de esas llamadas tan misteriosas tú nunca me dices nada. La última vez fuiste un total misterio: sabemos todos los que leen mi blog que es muchísimo más común enviar un mensaje a recibir que hacer alguna llamada, más todavía si estamos por entrar a una sala. Por momentos pensamos que jamás entrarías por estar platicando con terceros vía móvil, hasta que entraste a la fila y nos viste de nuevo. Curioso, yo nunca apago los móviles… de dónde aprendiste esa artimaña, quién sabe. Pero algo no encajaba por ahí. No sé, Matías me está ayudando a descubrir todo esto, y darles mordidas a los de seguridad de Perisur ya es mucho para que nos dejen tomar fotografías en su interior: por eso siempre llevamos cámaras para lo que se ofrezca, que nunca es así. O para cuando hagas algo que es completamente relevante ante los ojos de los demás. Quién sabe, algún día vayamos a tu escuela a aventar tanta foto que nunca imaginaste. No son amenazas, porque bien sabes lo que haces. De veras no deja de intrigarme qué onda con ese móvil tuyo… Ni creas que para la próxima dejaré que hagas lo mismo, ese día, haré algo que no te esperas; eso, si algún día no salen con sus estupideces de “ya fui” porque si no, jamás me volverán a ver en mésenller y sus redes sociales, que son ya la última forma de conexión que existe por ahora, a diferencia de los móviles que usas para mandar mensajes y hacer llamadas quién sabe para qué. He ahí una nueva conclusión.
«No te puedo borrar». Jueves, cinco de Noviembre - ¿Dónde has estado?Mientras corría la clase de Matemáticas a la que nunca le pongo atención escribí lo siguiente. A ti te lo pregunto así. No se escucha propio ni más decente. A ti como que ya no te guardo pleitesía… un hecho bastante lamentable. Una vez te vi reflejado en el agua. No me cuestiones si padezco de esquizofrenia, que no es así. Te estaba espiando y, como siempre, ni te das cuenta si hay cámaras delante de ti por no haber revisado los muchísimos arbustos que hay en esa zona un tanto arbolada, enredada y oscura llena de inestabilidad a la hora de la noche. Yo te escucho y mis micrófonos también. Quizá tampoco te hayas percatado de que ahora ya puedo salir con mi ordenador o sólo con mis móviles. No sé, a mí no me va tan mal. Será por mi disfraz de matón, así ni me notan y se alejan de mí los que le tienen miedo al que según soy yo. A veces paso por “sus casas”. Porque tú no vas solo. Más bien, ellos no pueden ir sin ti, me supongo que así pasa. Ellos te invitan a sus noches de erraticidad, y luego tú lo ves como si te estuvieran haciendo un favor; cuando es completamente lo contrario. Un día mandaré patrullas de ya sé dónde. No les gustará estar encerrados unas cuantas horas. Sí: ahora lo puedes tomar como una amenaza porque, vaya, ¿verdad que es más frecuente que antes? Ya saben lo que hacen y las horas que son. Mi reloj no miente, y tu móvil que luego a veces no para de sonar me estresa. Ok. Ya puedo seguir pensando pestes de ti. Y me dejas un tanto perplejo de saber que aaantes ni te pasaba por la cabeza andar con gente a la que se le puede clasificar como vándalos. Ya van varias semanas que voy por allá. Vaya que Twitter me sirve muchísimo para llevar una bitácora. Obvio, no pongo esas cosas en @CrisVida porque me vería demasiado obvio y luego te pones bieeen loco cuando te estás en plan de reclamar. A veces yo no voy solo a espiar, si de por sí ya sabes que me pueden asaltar las tantas lacras con las que te juntas. Y no es cuestión de tenerte coraje. Ahora vamos a explicarte la razón. Nunca hubieras dicho que yo tropecé. Recordarás que me has obligado a hacer cosas que no sentía pero que hice por otra razón que te contaré a su tiempo… otro hecho muchísimo de lamentable. Ahora verás que tus vicios son suficientes para alrjarte de tooodo aquel que quisieras estar. Y yo ahí, fingiendo cortesía.
«SALVE AL PLANETA, MÁTESE ASÍ MISMO» Martes, veintisiete de Octubre - Antes de decirte mis últimas palabras.No sé por qué me hablas. Ni sé por qué te interesas en mí. Me pláticas cosas que te pasan. A veces no las quieres decir, a mí no me ha de causar miedo, miedo te debería de dar a ti que no haces preguntas. Dejas pasar el tiempo como si la gente no dejará de creer o llenarse de ideas diferentes. Ojo con esto, no quiero decir que la gente cambie su forma de pensar, eso no existe. Por lo menos la mayoría de la gente no lo hace radicalmente. Simplemente de eso se trata la experiencia, cosa que osos aprenden hasta al final de la vida. Pero pareciera que tú te estancaste, avanzaste tan rápido que ahora te has detenido a pensar lo maravilloso que te perdiste. Todo llega a su tiempo, eso es algo que siempre te he querido decir. Pero tú no haces las preguntas, las hago yo para variar. Una vez te vi reflejado en el agua. No me cuestiones si padezco de esquizofrenia, que no es así. Te estaba espiando y, como siempre, ni te das cuenta si hay cámaras delante de ti por no haber revisado los muchísimos arbustos que hay en esa zona un tanto arbolada, enredada y oscura llena de inestabilidad a la hora de la noche. Sales de tu casa que apenas sé dónde está, no sé si caminas y le das la vuelta a donde hay un laberinto en el que es fácil perderse en la noche. Saldrás con cuadernos y libros, quién sabe. Saldrás a eso del mediodía, no sé. No sé muchas cosas de ti que podrían darme algunos datos como para poder enviarte algunos espías, pero conociéndote como eres yo mismo te podría empezar a seguir sin que me dieras algún dato. De saber tu actual número móvil yendo con la persona correcta, de saber el nombre de los vandalitos con los que te juntas. No sé, Matías —ese tipo que nunca conoces—* me está ayudando a descubrir todo esto, y darles mordidas a los de seguridad de Perisur ya es mucho para que nos dejen tomar fotografías en su interior: por eso siempre llevamos cámaras para lo que se ofrezca, que nunca es así. O para cuando hagas algo que es completamente relevante ante los ojos de los demás. Quién sabe, algún día vayamos a tu escuela a aventar tanta foto que nunca imaginaste. Por momentos pensamos que jamás entrarías por estar platicando con terceros vía móvil, hasta que entraste a la fila y nos viste de nuevo. Curioso, yo nunca apago nos móviles… de dónde aprendiste esa artimaña, quién sabe. Pero algo no encajaba por ahí. Ya sé qué sombreros usas y de qué forma te vistes. Cómo caminas y en dónde te vas y con quién. No sé qué hay en tu móvil, me intriga no saber a quién le mandas mensajes y de esas llamadas tan misteriosas tú nunca me dices nada. La última vez fuiste un total misterio: sabemos todos los que leen mi blog que es muchísimo más común enviar un mensaje a recibir que hacer alguna llamada, más todavía si estamos por entrar a una sala. No son amenazas, porque bien sabes lo que haces. De veras no deja de intrigarme qué onda con ese móvil tuyo… Ni creas que para la próxima dejaré que hagas lo mismo, ese día, haré algo que no te esperas; eso, si algún día no salen con sus estupideces de “ya fui” porque si no, jamás me volverán a ver en mésenller y sus redes sociales, que son ya la última forma de conexión que existe por ahora, a diferencia de los móviles que usas para mandar mensajes y hacer llamadas quién sabe para qué. He ahí una nueva conclusión.
«Está bien si llora aquí.» *Ja, ja, ja… Viernes, veintitrés de Octubre - ¡Hey, tú... te veo después!Me extraña que no estés aquí, igual no y te vale. Algunas veces con tus actos me ayudas a sacar conclusiones de que todavía no puedes compararte como alguien de tu edad, algo verdaderamente lamentable. Algo me dice que caíste en eso del alcoholismo y que aprendiste a fumar tras sucesos que quizá te tengan con problemas en tu interior, que quizá conozca todo el mundo.
Últimamente los recuerdos que me vienen de ti son muy placenteros y saco las pocas fotos que tengo de ti, algunas todamas por ti. Veo tus ojos. Tus increíbles ojos cafés a los que amé a morir alguna vez cuando te vi con detenimiento, me hiciste una pregunta y me miraste como si fuese Dios: casi pierdo el control. Hoy te diré algo, que quizá te duela bastante y hagas el coraje de tu vida. Claro, yo lo sé… después de lo que te diga, quizá me mandes al carajo. Hoy no es el día, porque hay gente que no se aparece en días aunque quizá te remuerda la consciencia y te aparezcas a eso de la madrugada como es tu costumbre. Ya se te avisó lo que se te dirá. Igual y así eres y tengo respuesta tras haber pasado una que otra semana para variar de no saber dónde estabas. Mañana revisaré el móvil como todos los días, ya sabes que espero tus llamadas todos los domingos que es cuando verdaderamente necesitas de alguien como yo.
De una vez te advierto que no espero palabras tuyas para comenzar una nueva etapa. Ni me interesa saber dónde vas a parar, ni que me cuentes lo que hiciste ayer y las semanas en las que decides que tu vida es sólo tuya, algo verdaderamente lamentable. Hay cosas que haces a propósito, o dejas que los demás hagan de ti una nueva historia que no te atreves a contarme, aquí es cuando me da más miedo de que algún día llegues a decirme que todo eso lo que veo en tus redes sociales sea cierto, pero si me lo dices tú, no sé cómo demonios reaccionaré.
Aunque sean palabras de hipocresía no las has dicho, he ahí un bien punto de tu parte. Está próxima a terminar la semana, eres una persona bárbara… porque en estos días tienes muchísimo tiempo libre; sin embargo, no te quieres acordar y te fastidia la mente. Yo no te vuelvo a esperar hasta media noche porque se me hará una falta de respeto.
Te digo que no esperaba nada de ti porque ha sido muchísimo el tiempo de distanciamiento y de no saber nada. Y me da rabia cuando no dices qué te pasa aún cuando ambos sabemos que te sucede algo y, como siempre: nunca me dices nada. Y cómo no sé qué haces ni sé a dónde estás. Si no te veo, no sé nada…
«Sólo quiero escuchar tu voz.» |
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Lo Que NO Te Puedo ContarDonde tooodos deberíamos decir la verdad. |
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